miércoles, 9 de junio de 2010

COSECHA ROJA: Licor Negro (Pontevedra, 1991)


Allá por 1991 Cosecha Roja estaba en su más tierna infancia. Creo que todavía ensayábamos en el Polvorín, en un pendello en el medio de una leira del que teníamos que sacar los instrumentos hasta el coche con una carretilla como si estuviésemos de vendimia . Y hacer eso, es un suponer, a las 4 de la mañana al regresar de un bolo, parecía una secuela de arte y ensayo de Los chicos del maíz. Ese año fuimos a tocar a la sala Licor Negro en Pontevedra, de nombre cuando menos inquietante. Esta era también estudio de grabación por lo que nos ha quedado una muestra sonora, aunque algo balbuceante, de lo que éramos por entonces. A cargo de todo aquello estaba Pierre (léase Pier, supongo), un tipo con aquel look Peter Pank de El Víbora y entre cuyas virtudes no destacaba precisamente la puntualidad. Me parece que se bajaba desde el camerino al escenario por unas escaleras y no recuerdo mucho más. Humo. Olores y sabores. Lo que no se olvida es aquel adelantamiento interminable, con el R5 rojo de Carlos, en el que pudimos pasar a formar parte de ese selecto club (venían coches de frente) en el que están Buddy Holly, Nino Bravo, Otis Redding, Eduardo Benavente, Duane Allman, Cecilia y tantos otros. ¿Qué más?. Bueno, si me concentro veo una habitación. Una habitación cuádruple. Por suerte no es como aquella de Fene, o la de Pontedeume. Tampoco es el lujo de Bilbao. Puede que sea yo ese que se mueve como un astronauta que se mira en el espejo del baño con los ojos como uvas pasas y que se pregunta ¿si eso de ahí al lado es una plaza de toros, en dónde estoy?. Esto no es Exile on Main St. Esa melodía no es Rocks off. Esto no es el sur de Francia y esa ni siquiera se parece a Anita Pallenberg. Ay, la juventud. Anda, vete a cama. Si la encuentras, claro.

Epílogo:

¿Cómo es posible que no me acuerde de nada más?. Llamo por teléfono a Dís. Parece ser que el R5 rojo lo rebautizamos aquel día con el nombre de Halcón Milenario. Menos mal que no falló el salto al hiperespacio. Me dice que entonces teníamos un manager (¡?) que arregló unos días de grabación con el amigo Pierre en aquel despampanante estudio y que empezamos a grabar hasta que el productor se le ocurrió decorar las guitarras con flangers y otras cosas raras. Y la cosa se quedó ahí. Una lástima. Es sólo una hipótesis, pero quizá podría haber quedado bastante mejor que esta maqueta. Live at Licor Negro - 1991.

Javier Doforno, noviembre 2009


*Las canciones que aparecen en el siguiente reproductor son: 1. El último beat, 2. Días de sol (inédita), 3. Vacaciones permanentes (primera versión), 4. Entre tus brazos (inédita).


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martes, 13 de abril de 2010

VIERNES & LOS ROBINSONES "en el Bogart"


Cartel de Viernes & los Robinsones de J.L. Labrador (1986)

Bogart, circa 1985-86

Aunque suene paradójico, hace veinticinco años en Ourense era mucho más fácil tocar en directo...aunque no hubiera ninguna sala que se dedicara a programar conciertos. Tocábamos en la Casa da Xuventude, tanto en la cafetería como en la sala de exposiciones de la planta baja o el Polideportivo; en un garito que había por Oira; en la Plaza Mayor por el Magosto o el Entroido; incluso en el Casablanca...

Los que hoy se pasen por el Café Central de la plaza de Paz Novoa, ni se imaginan la oscuridad de su primera etapa, cuando se llamaba Bogart. El escenario, por llamarlo de alguna manera, estaba en el mismo sitio en el que está hoy, pero entonces estaba más bajo que el resto del local, una especie de foso desde el que el público te miraba desde las alturas. En realidad, imagino que se habían apartado unas mesas para que nos colocáramos allí, porque allí nunca se había organizado ningún concierto. Si tocamos en el Bogart fue porque el disc jockey de entonces (o pinchadiscos, que lo de DJ aún no existía), era ni más ni menos que Carlos Álvarez, todavía hoy al mando de Peggy Records, la única tienda de discos de la ciudad. Carlos era uno de aquellos (escasos) adelantados que descubrieron a principios de los ochenta lo mejor del nuevo pop, y se encargaban de difundirlo entre sus cercanos. Como no nos acordábamos de cómo llegamos a tocar allí, le insistimos para que hiciera memoria:

“Los conciertos del BOGART los programé yo, que era el pincha en esos tiempos. Empezaron con Última Fila, luego vosotros, después Abuña y unos que no recuerdo como se llamaban que tenían fans y todo -eran una cosa entre Hombres G y Eskorbuto- El que cantaba es de la familia de los Rojo. Recuerdo que nadie cobró y que mi jefe Paco se quejaba de que allí nadie tomaba nada... Con Labra contacté después de veros en unas fiestas de San Francisco, tocando en Peña Trevinca. TODOS TENÍAMOS PELO Y CASI NADIE BARRIGA”.

Viernes & Los Robinsones actuación en el Bogart

Los que sonaban entre Hombres G y Eskorbuto (muy buena descripción, aunque parezca mentira), eran Undécima Advertencia, con un hit dedicado a una vaca llamada Basilia, y un himno que empezaba “Como manzanas, cago manzanas...”, y continuaba de mal en peor. Lo que yo recuerdo es que aquello estaba lleno, no hay más que ver la fotos, y además era lo normal en aquellos días, y que debía ser uno de los primeros conciertos en los que Chapi tocaba con la batería completa. La guitarra que llevo no es la mía, supongo que alguien (¿de Última Fila?), me prestaría una que se pudiera afinar. Seguro que tocamos todas aquellas canciones demenciales que pasaron a la historia sin llegar a grabarse (“Óscar”, “Si llego tarde a casa”, “Burgasville”, “Ella es insaciable” o aquella semibalada de un tipo enamorado de una monja de clausura... ¡ese Labra!), y que debíamos sonar a mil demonios desafinados.

En fin, cuando tocó Última Fila, Labra y yo subimos a cantar un “Barbara Ann” ramoniano e improvisado, y alguna más, tal vez “Twist & Shout”, como el día del concierto anti-OTAN. ¿O esto fue después? Sea como sea, fue en aquellos días cuando empezamos a tener relaciones prematrimoniales, y ya deberíais saber que esos primeros roces acabaron en boda. De hecho este mismo año estamos cumpliendo las de plata. ¡Quien nos lo iba a decir!

Carlos Rego. Abril, 2010

jueves, 8 de abril de 2010

COSECHA ROJA: Ideal (Granada, 28-3-2010)


Artículo publicado en el IDEAL de Granada el domingo 28-3-2010, escrito por Carlos Morán, para leer el artículo haz clic en la imagen.

lunes, 22 de marzo de 2010

COSECHA ROJA: Versionados


Una de las cosas más increíbles que le han pasado a Cosecha Roja es que, después de desaparecer sin que nadie pareciera darse cuenta, hubiera grupos que se acordaran de sus canciones para versionarlas. Para nosotros ha sido mucho más que un honor, sobre todo viniendo de personas de reconocido gusto musical. Un pequeño reconocimiento que nos llena de orgullo.

Annie Hall

Así que hasta que Amaral se decidan a grabar “Despedida” y Fito y los Fitipaldis “Violines y campanas”, aquí teneis las estupendas versiones de “Vacaciones permanentes" de Annie Hall (la gran esperanza truncada del pop en Ourense), y la “Despedida” incluida en su único cd por The Shannons (exquisito grupo bilbaíno-madrileño-barcelonés que esperamos resucite un año de estos).

Portada CD "The Shannons"

La de Annie Hall está grabada en el Felipop, con nosotros de emocionados testigos, y en el mismo escenario también tocaron "Despedida" The Shannons, dos momentos imborrables en nuestra memoria.

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martes, 2 de marzo de 2010

COSECHA ROJA: A plena sombra (CD - 2001)


Vamos buscando sueños a Madrid, decía aquella vieja gran canción de Los Suaves. No. Que va. Nosotros no. Nuestros sueños siempre estuvieron en nuestra cabeza, pastando a sus anchas. Como enormes caballos salvajes. No obstante sí que hicimos y seguimos haciendo esporádicas e intensas incursiones en la capital, en las que contamos como cabeza de puente por ejemplo a Pedro y María o a Urbano, siempre perfectos y exquisitos anfitriones. Urbano mantiene una interesante teoría. La Teoría de la 6ª Canción de Cosecha Roja, cuyo enunciado dice más o menos que la sexta es la más importante, la “mejor” de cada uno de nuestros discos. Como con cualquier teoría, supongo que se podrían aportar pruebas para refutarla aunque en el caso de A plena sombra, la última grabación del grupo, resulta difícil contradecir a Urbano. ¿Cómo negar que Despedida , la sexta de este disco, es una canción especial que al tocarla aun hoy nos hace sentir mariposas en el estómago?

Despedida y otras tres de A plena sombra se grabaron en Fusión, el estudio de Javier Abreu que antes estaba detrás de la iglesia de Santiago de Vigo. El resto fueron grabadas en Xingreira con los hermanos Lameiras. A José y Sergio los conocemos desde siempre, desde aquellos comienzos con Las Hierbas (algún día Aser nos escribirá algo de ellos), más adelante como Los Cambiantes (personalidad a raudales) y hace unos años con El Pararrayos. A día de hoy José sigue componiendo y tocando en Magritte, con la estupenda voz de Nate Borrajo como ingrediente más llamativo de los muchos que merecen atención en esta banda. Sergio, fino guitarrista en Los Cambiantes, se encarga ahora del sonido en este recóndito estudio escondido en los balcones excavados por el Miño entre Os Peares y Ourense.

Ya pasaron 10 años pero me acuerdo como si fuese hoy de la grabación en Xingreira: el día de los cascabeles y del pau de chuva, o de la imponente marimba, en medio de la habitación con su amenazante aspecto de bestia prehistórica, a la que Ton Risco tenía perfectamente amaestrada; el día de los feedbacks con el ampli subido a la lavadora, en el lavabo, trenzando acoples entre todos y recuerdo especialmente a los Monforte Horn Ensemble. Estábamos grabando Como la nube, una canción de nuestro querido Magín Blanco (que hoy anda muy pendiente de A nena e o grilo), cuando decidimos que le quedaría muy bien una sección de vientos estilo Van Morrison. Conseguimos a estos tíos, que nada más llegar escucharon la canción por primera vez y en un abrir y cerrar de ojos, José Pérez Arias, el trompetista Cheyenne, tenía montado un arreglo espectacular. Después, con la noche bien avanzada, retocando aquí y allá quedó lo que suena en el disco. Igual no recuerda al León de Belfast pero a mí me suena a gloria, es perfecto para la hiperlenta y cataléptica versión que estábamos grabando. Siempre asociaré esta canción a la música de un funeral con carroza tirada por caballos negros enjaezados, que parecían sacados de un cuento de Poe, con el cual me tropecé hace unos años en Londres, en Notting Hill, muy cerca de Portobello Road. No es broma, era un auténtico funeral vintage.

Un funeral. Nadie quiso editarlo y nos lo sacamos nosotros mismos. Para nosotros y para nuestros amigos. Para los más allegados. Un funeral íntimo. Componer, preparar y escoger canciones, grabar y autoeditarnos el disco, todo el proceso de A plena sombra, es una busqueda de otros sonidos, un intento de arreglar de otra manera las canciones, algo que resulta evidente y que junto a la idea de final de trayecto, de que algo inevitablemente se acaba, son el espíritu y la intencionalidad que visten cada texto, cada canción.

Y final. Todo va a cerrar. Nos toca pasar página y mirar hacia adelante, y lo hacemos con sólo dos premisas: vamos a exigirnos mucho más y al mismo tiempo vamos a tomarnos las cosas de otra manera. Nosotros, los pastores de enormes y salvajes sueños. Ni que decir tiene que entre dichos sueños, dada su naturaleza indomable, a veces se monta alguna trifulca y alguno sale lastimado. Aunque ya han aprendido lo que canta Califone: lame tus heridas y te crecerán alas.

Javier Doforno, Marzo 2010

Puedes leer más sobre el CD "A plena sombra" en "18 RODAS" y si quieres descargar el CD pincha en el siguiente enlace "A PLENA SOMBRA".


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viernes, 26 de febrero de 2010

COSECHA ROJA "Conducir despacio" (CD-1997)



A mediados de los 90 yo estaba trabajando en Ourense y acabando un proyecto y varias cosas más en Santiago que con el tiempo se revelaron bastante intrascendentes. Además, ocurrieron desgracias familiares que marcaron un antes y un después en mi vida. Un par de años antes, Cosecha Roja había entrado en un callejón sin salida y avanzaba hacia ningún lado. Todo había dejado de ser divertido para convertirse por momentos en insoportable. Un día dejamos de ensayar, sin excesivo debate, decisión muy acertada para nuestra salud mental -y no exagero- como grupo. Las circunstancias y los hechos hicieron que me apartase un poco de todo aquello que era tan mío, y a partir de entonces, supongo, cada uno dio salida a su creatividad y a su mala hostia -o como quiera que se llame eso- como quiso o como pudo. En mi caso, aparqué totalmente la guitarra eléctrica (que de paso no era mía, hay cosas que nunca cambian) y me dediqué a escribir (según cuenta la leyenda), a viajar y a trabajar. Un día de esa segunda mitad de la década, alguien, no recuerdo quién, me dio una maqueta de una nueva colección de canciones de Cosecha Roja, que luego supe que se iba a llamar Conducir despacio, curioso título para un disco que en la primera escucha era pop y/o rock de guitarras afiladas, con aquel bajo y batería inconfundibles. Lo escuché tranquilamente. Me recordaba a Jonathan Richman / Modern Lovers, a Alex Chilton / Big Star, a Neil Young / Crazy Horse, a Steve Wynn / Dream Syndicate y a muchos más. Lo escuche también con una cierta distancia crítica proporcionada por el hecho de no haber participado en él, aunque, señoras y señores de la nave del misterio, confieso que me sonaba como si yo mismo, o mejor aún, mi doble, o mejor todavía, mi fetch, hubiese tocado en aquellas grabaciones, cuando la verdad era que sólo llegué a grabar, muy al final, un par de pistas improvisadas de guitarra cuando por fin se editó el disco. Pero sí. Sonaba a Cosecha Roja. Yo incluido. Y sonaba muy bien, y después de oírlo una vez tras otra, en exceso, hasta agotarlo, como hago con todo lo que me gusta, entendí lo que realmente era aquello.

Remontándonos años atrás, después de flexis y singles, Nuevos Caminos, el primer disco “grande”, no reflejaba con fidelidad lo que era Cosecha Roja en su tiempo. ¿Puedo decir que es un disco fallido?. Bueno, ya está dicho. Vacaciones Permanentes es más acertado pero se quedó muy corto en formato gasolinera. A plena sombra es algo especial, un testamento, un epitafio sonoro, un paso a “otra dimensión”. En cambio, Conducir despacio (junto con el EP Aquellos maravillosos años que es su verdadero embrión) es otra cosa. Es el centro, el núcleo esencial del planeta Cosecha Roja y del planeta Rego Tesouro, que son de esos cuerpos celestes difíciles de descubrir por estar tan a desmano de tanta efímera supernova de nuestra galaxia más cercana.

Entre tos y tos, el gran Robert Louis Balfour Stevenson (¿iremos alguna vez a Samoa?) dijo que ciertos lugares hablan con su propia voz, ciertos jardines sombríos piden, a gritos, un asesinato; ciertas mansiones ruinosas piden fantasmas y ciertas costas, naufragios. Cosecha Roja estaba pidiendo a gritos un disco como este. Pero no quiero explicarme mal. Que nadie se confunda: Conducir despacio tiene de sombras y naufragios lo justo. Además hay una extraña y personal luminosidad que lo recorre de cabo a rabo. Hay olas de violines y una palpitante Radio Corazón. Incluso hay varias canciones de amor, más que en cualquier otro disco de Carlos Rego, alguna tan sutilmente hermosa como la que da título al conjunto. Otras explican con precisión la melancolía que se aposenta en nosotros y con la que nos acostumbramos -a regañadientes- a convivir, cuando confrontamos el conocimiento de nuestras propias limitaciones con la altura de nuestras aspiraciones, cuando miramos al desencanto cara a cara en el espejo. Sentimientos jodidamente humanos. Como decía con toda razón un amigo músico el otro día, Rego escribe canciones de Hombres (y que nadie busque connotaciones cachondas a la frase, que sois muy simpáticos). Con sus limitaciones de sonido me parece el disco “fundacional” de Cosecha Roja, alrededor del cual se entiende todo lo demás (joder, y yo no estoy…o ¿sí estoy?). Aquella también fue una buena época para el grupo sonando en trío. Amadís me cuenta que uno de los mejores conciertos de Cosecha Roja fue en Valencia en la presentación de Conducir despacio, en una gira que los llevó también a Castellón, la tierra de Santi Campos, persona clave en su edición. Todas son canciones que forman parte de mi ADN. Algunas, como Cicatrices, de mis canciones favoritas de siempre y ahora, otra vez, después de muchos años, vuelvo a tocarlas. Nada de dobles. Nada de tríos. El próximo día 21 de Noviembre en el Auriense a las 21:30, estrenando el recopilatorio Un par de cosas 1991-2000, espero convencer a Amadís de que estaba equivocado con lo de Valencia. Os esperamos.

Cosecha Roja en trío 1997.

Por último, no me olvido de que el disco está dedicado a los habitantes de Cicely, Alaska, y alrededores. Como habitante de los alrededores, eso también es mucho para mí. Este es el disco para escuchar Corazoncito en "Chris por la mañana" en la K-OSO mientras Chris me explica, por ejemplo, la teoría de Wittgenstein sobre el amor. Para tomar unas cervezas con Maurice en el Brick de Shelly y Holling, atendiendo a cualquiera de sus divagaciones faraónicas. El disco para escuchar con Eddie y sus películas, con Ruth Ann y Marilyn, la que nunca se equivoca. El disco de Joel, el urbanita pragmático y realista que descubre que la realidad es otra y no la que el da por supuesta, y de Maggie, la de la maldición O´Connell, por la que todos sus novios morían por verdadera mala suerte durante su relación con ella. Y es el disco para recordar a mi “hermano”, ese otro habitante de los alrededores de Cicely, Alaska; tan distinto a mi pero con el que compartía una extraña conexión telepática y que casi siempre se reía de las mismas cosas que yo; con el que hablaba totalmente en serio de asuntos triviales y en broma de asuntos serios. El “hermano” de las tortillas de patatas a deshora, los viajes relámpago a Muros y Arzúa; el del hoyo “diecihoyo” y los porrones de moscatel en aquella Compostela acuosa del Hortensia.

Sí. Hemos pasado noches largas y tristes. Nos hemos despertado en mitad de la noche y nos hemos sentido solos y hemos vuelto a tener miedo, como cuando éramos niños. Sin duda, temporales todos hemos pasado unos cuantos. Y por desgracia los volveremos a sufrir. Pero, afortunadamente, entre sombras, zozobras y naufragios que asoman la patita, a veces encontramos cosas que nos reconcilian con nuestra vida, con nosotros mismos y con los que nos rodean. Como Conducir despacio, que tiene una de las más hermosas lunas llenas que uno pueda imaginar.

Javier Doforno, noviembre 2009

Pincha AQUI para ver más sobre "Conducir despacio" el diseño del folleto que acompañaba el CD y las letras de las canciones.


Si quieres leer más sobre el CD "Conducir despacio" haz clic en el enlace "18 RODAS", si quieres descargar el CD haz clic en "CONDUCIR DESPACIO".

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jueves, 25 de febrero de 2010

COSECHA ROJA "Aquellos maravillosos años" (1996)


Después de un largo paréntesis durante el cual se dedicaron a criar a Los Cachorros y a digerir los retortijones del pasado, Carlos y Amadís, con la incorporación de Aser desde Oviedo, reaparecen como Cosecha Roja con una joya de cuatro canciones que vio la luz con la ayuda de Santi Campos, que en aquellos años está en Malconsejo (uno de los mejores grupos de la época) y ahora a los mandos de los imprescindibles Amigos Imaginarios , que acaban de editar el monumental Muñecas Rusas, un disco que hay que tener siempre a mano, de esos que te ganan a cada escucha y con el tiempo terminan por quedarse dentro de ti para siempre. (Escuchad Cabos sueltos y luego me contáis…).

El EP Aquellos maravillosos años (Maybe Tomorrow) es una joya por la canción del mismo nombre, un diamante pop que mira hacia atrás con retranca y sin (demasiada) ira; por Un millón de besos, refulgente canción de amor con el halo Crazy Horse, que habla de cómo sentirnos queridos puede hacer que aflore la ternura y lo mejor que llevamos dentro; por la rutilante Querida Realidad, que siempre me ha recordado a The Jam y que podría haber sido himno generacional de los que acostumbramos a soñar despiertos; por Vacaciones permanentes, un piolet centelleante en el que apoyarse, clavado en los hielos del pasado.

Y también resplandece la portada: la playa de los veranos de nuestra infancia, en los que hemos sido verdaderamente felices. No es la de la foto, pero en mi caso, mi playa es A Madorra, en Panxón. Esta portada, que por muchas razones es una especie de talismán, la he tenido enmarcada en la pared del salón en todas las casas en las que he vivido. Con Nighthawks de E. Hopper y El imperio de la luz de R. Magritte, es lo único que ha sobrevivido intacto a todas y cada una de las mudanzas de mi vida. Que, os aseguro, no es poco.

Javier Doforno, Febrero 2010



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